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lunes, 25 de marzo de 2013

Interioridades: Obra Teatral

Autor: Iván García Guerra.

Personajes: Rádel- Presidente de la nación; Mariana- esposa del presidente; Norco- expresidente derrocado por implementar la tiranía; Lucila- ama de llaves del presidente; Antonio- político, secretario del presidente.
La obra se divide en 2 actos y 10 cuadros (cada acto consta de 5 cuadros y cada cuadro tiene varias escenas.).
Primer Acto; Primer cuadro.
En escena aparecen Mariana siendo peinada por  Lucila. Mariana comenta con Lucila lo cansada que se siente por haber dormido mal, lo desolada que ha estado sintiéndose desde que su esposo, Rádel, se había embarcado en la lucha por el derrocamiento de la tiranía de Norco. También le relata un sueño que tuvo la noche anterior, en el cual Norco se presentaba a su habitación y la sometía sexualmente. Las dos mujeres escuchan el galope de un caballo y deducen que se trata de Rádel quien ha vuelto a casa. Mariana entra a su habitación para cambiarse de ropa y lucir presentable para su marido, Lucila, al quedar sola en escena muestra el fastidio que le produce la compañía de Mariana. Norco entra a escena, Lucila le da una cortés bienvenida a lo que Norco contesta solicitando ver a Mariana. Mariana sale de las habitaciones, ya cambiada y se sorprende al ver a Norco en su sala. Inician una conversación, primero un poco hostil de parte de Mariana quien va calmándose a medida que siguen conversando. Se sientan y Norco le recuerda a Mariana los tiempos en que ellos eran novios y estaban comprometidos para casarse, que por Mariana no soportar su vocación política lo dejó y decidió casarse con Rádel. Mariana resta importancia al tema y pide a Lucila que se retire. Intercambian algunas impresiones sobre el tema de sus antiguos amores que a Mariana parecen no interesarle. Luego de un rato Norco dice a Mariana que debe acostumbrarse a ser un poco más viuda de ahora en adelante, ella pregunta si él asesinó a Rádel, Norco lo niega, vuelve a recordarle a Mariana que es a él a quien ama y que se casó con Rádel para herirlo, le confirma que Rádel está muerto, Mariana se deja caer al suelo llorando y Norco le dice que tuvo que elegir entre su vida y la de Rádel y que no podía permitir que lo asesinaran por su gran amor por ella, y que una nación no puede gobernarse pusilánimemente. Fin del primer cuadro.
Segundo Cuadro.
Más tarde ese mismo día, la escena muestra a Rádel narrándole a su esposa Mariana la alegría del pueblo ante la victoria de su gente que ha derrocado la tiranía. Mariana le cuenta de cómo lo ha esperado y él le comenta de las veces que pensaba en las sábanas de seda de su cama, ella le reclama algo incrédula el que posiblemente no fuera extrañada por Rádel y ante la reafirmación de Rádel ella dice que él sólo mencionó las sábanas y no a ella. En medio de la conversación que se va tornando más íntima, Norco sale a escena disculpándose por haber interrumpido la intimidad de los esposos, Rádel se sorprende y Mariana se disculpa por no haberlo dicho antes pues buscaba el momento propicio para hacerlo. Norco habla con Rádel y le comunica que anda buscando refugio en su casa pues sabe que es el único sitio en que nadie lo buscará, además porque cree tener en Rádel al viejo amigo que ha conocido desde hace tantos años. Ante la renuencia de Rádel, Norco entonces dice entender la situación pero le pide que sea el mismo Rádel que lo mate, que no lo entregue a sus enemigos. Lucila entra y le comunica a Rádel que le ha preparado su baño, Rádel agradece a Lucila y abandona la escena diciendo que tiene que asearse y que regresa en un momento. Mariana dice a Norco, una vez han quedado solos, que ahora ella entiende como este pudo mantenerse en el poder tanto tiempo, esto en franca alusión a su actuación frente a Rádel. Fin del segundo cuadro.
Tercer Cuadro.

Aparece en escena Rádel ensayando el discurso para la toma de posesión de la presidencia que ocurrirá el día siguiente , Mariana entra a escena y conversan sobre el tema. Rádel confiesa su temor ante todo lo que acontece, su nerviosismo y preocupación por no hacer las cosas bien, su esposa Mariana intenta darle fuerzas y apoyo moral y le asegura que él podrá hacerlo bien, le dice que si Norco pudo hacerlo él también podrá. Ella compara los sentimientos que Rádel experimenta en esos momentos con los sentimientos que ella sentía cada vez que él la visitaba y le asegura que eso no es temor sino amor por su pueblo. Los esposo se abrazan deslizándose en la alfombra. Fin del tercer cuadro.
Cuarto Cuadro.

Antonio, secretario del presidente, conversa con Lucila. Le comenta cerca de lo grande que es la propiedad de Rádel y dice no entender como una persona con tantos bienes decide incursionar en política, le dice a Lucila que él tiene que hacer lo que sea para que Rádel lo crea imprescindible y luego tratar de obtener ganancias económicas para su vejez. Le insinúa que ellos pudieran aliarse, así podrían servirse mutuamente a lo que Lucila le manifiesta que no está interesada. Antonio trata de disfrazar su ofrecimiento como disculpándose. El galopar de caballos se escucha y Antonio corre temeroso a la ventana y luego se calma saliendo a la terraza, afuera están los aliados de Rádel, con quienes este luchó para derrocar a Norco. Rádel sale de las habitaciones, seguido de Mariana,  y saluda a sus hombres desde la ventana de la sala. Comenta que hubiera preferido cabalgar con ellos como antes pero ahora su posición se lo impedía. Antonio entra a escena y lo saluda, le dice que tiene asuntos que hablarle en privado, Rádel pide a Lucila que se retire y, ante la insistencia de Antonio de hablarle en privado, le dice al secretario que Mariana además de su esposa es también su consejera. Antonio dice que debe informarle de ciertas maniobras en su contra a lo que Rádel se muestra sorprendido y le pide que le acompañe en el coche para que le cuente en el camino. Fin del cuarto acto.
Quinto Acto.
Aparece Norco sentado en la oscuridad de la sala y luego Lucila quien lanza un grito de espanto al comprobar que la sala no está sola. Norco trata de calmarla y le pregunta si tanto terror él le causa, ella contesta que no, que sólo se sorprendió porque usualmente él entra temprano a su habitación. Norco le dice que no podía dormir y quiere saber lo que ella piensa de él, le pregunta si lo ve como una bestia o como un hombre. Ella le dice que lo ve como un hombre a lo que él se muestra agradecido. El ruido del coche al llegar les advierte que Rádel y Mariana han regresado de la juramentación presidencial. Los esposos entran a escena. Mariana narra, con cierta ironía, lo hermoso que se veía el palacio presidencial y los muchos adornos que habían colocado para la ocasión, Rádel trata de impedir que ella continúe, ya que habían quedado en no hablar del tema delante de Norco, este último le dice que no importa, que deje que ella le cuente pues hacía tanto tiempo de su juramentación que ya ni lo recordaba. Rádel sirve unas copas para los tres, Mariana se molesta ante la actitud de Rádel por mostrarse tan condescendiente con Norco, le confiesa como Norco le había producido tanto dolor el día que se presentó buscando refugio, haciéndole creer que Rádel había muerto, Norco comparó lo que él sentía aquel día con lo que Mariana sentía en el instante presente, deseo de exteriorizar lo que por dentro llevaba. Mariana abandona la escena disgustada. Rádel comenta con Norco que conservará algunos de los colaboradores de la tiranía pues no todos están dañados, Norco desea que le dé un ejemplo a lo que Rádel contesta que todavía es muy pronto para saberlo pero menciona a Antonio, Norco manifiesta complacencia pero se niega a aclarar a Rádel el motivo de su expresión, le dice que brinden por la juramentación y el nuevo gobierno de Rádel. Fin del quinto cuadro.
SEGUNDO ACTO. Sexto Cuadro.

En escena están Rádel y Lucila, él le confiesa a su ama de llaves lo distinto que es todo a lo que él esperaba, lo difícil que es cumplir con sus propias expectativas e intenta conversar directamente con ella, preguntándole que puede él hacer para ayudarle, ella, ante mucha insistencia, le dice que sólo le preocupa lo que será algún día de ella cuando ya no pueda trabajar, él le asegura que si eso ocurre ella se quedaría a vivir con ellos en la casa como lo hacen los abuelos. Los dos empiezan a conectarse y en un momento en que Rádel se ha arrodillado delante de Lucila, entra Mariana quien se burla de la escena que ve, Lucila sale de escena y los esposos inician una conversación, Rádel confiesa a su esposa que buscaba acercarse a Lucila y le comenta sobre lo que hablaron, Mariana le dice que no le haga caso a Lucila tildándola de hipócrita. Lucila entra de nuevo a escena y le comunica al presidente que Antonio ha llegado. Mariana muestra inconformidad pues quería conversar con su esposo, Rádel le dice que puede decirle que espere y ella descarta esa opción, dice que esperará hasta que él regrese y se retira, Lucila sale a decir a Antonio que puede pasar. Rádel pregunta a Antonio como llegó a la casa, pues él no escuchó el galopar del caballo. Antonio dice que dejó su caballo a la entrada de la finca, donde el encargado de la caballeriza le colocaría una herradura que se había desprendido de su caballo. Le informa a Rádel de ciertos personajes que han llegado desde el interior del país para visitar al presidente, le dice que el encargado de protocolo ya se había reunido con ellos y se habían puesto de acuerdo, a espaldas de Rádel, para arreglar el contenido de la agenda a tratar con dichos señores. En medio de la conversación entra Norco, aparentemente distraído, pide disculpa y asegura que pensaba que Rádel estaba solo, luego se retira. Rádel intenta rendir explicaciones a Antonio pero este lo impide diciéndole al presidente que no es necesario que lo haga. Fin del sexto cuadro
Séptimo Cuadro.
En escena están Mariana y Norco conversando. Mariana comenta que Rádel ya debe estar llegando a la casa y Norco pregunta si acaso ella lo presiente, ella esquiva responder directamente y en cambio le pregunta que ha decidido acerca de su futuro inmediato. Norco no está seguro pero reconoce que Rádel ya está cansado de su permanencia en la casa, dice que le ha insinuado en varias ocasiones que se vaya, que los agentes de seguridad han insistido en cuidar la casa del presidente y muestran extrañeza ante la negativa de Rádel. Norco asegura que cualquier día Rádel lo echará a la calle o hasta llegará amatarlo. Describe el cambio que Rádel ha tenido en los últimos tiempos, dice a veces se comporta como el amigo que él conocía y otras veces actúa como el señor Presidente Rádel Mainardy. Luego aborda a Mariana acerca de los tiempos en que ellos fueron novios y dice estar seguro que ella todavía lo ama, no porque él sea o tenga un atractivo especial sino porque ella nunca lo tuvo a su merced, le recuerda que ella lo puso a elegir entre la  política y ella y es por eso que ella nunca, según Norco, ha podido olvidarlo. Le dice que él también la ama por razones similares, porque ella no ha complacido sus peticiones de estar juntos y eso representa una especie de reto para él porque ella le gusta mucho. Mariana le confiesa que ella también lo ama a lo que él agradece esa confesión, dice que no es lo mismo saberlo que escuchar una confirmación de boca de Mariana. Luego se escucha el sonido del coche que llega y Norco comenta que Rádel ha llegado a interrumpir otra vez. Fin del séptimo cuadro.
Octavo Cuadro.

Rádel y Mariana aparecen entrando a escena vestidos de forma inusual, con ropa ligera, Mariana dice que hacía tiempo que no se divertía de esa manera, Rádel no encontró nada divertido la experiencia que acababan de vivir. Venían de la iglesia local, a la cual se presentaron sin escoltas y sin previo aviso. Habían comprobado el nerviosismo inicial de la gente del pueblo, y luego él se sintió hastiado de tanta gente pidiendo favores al presidente, manifestó que ya estaba cansado de todo aquello, de gobernar una nación donde la gente se había acostumbrado a pedir dádivas y ayudas olvidando su propia dignidad. Comentó el caso de una señora a quien la policía le había arrestado al hijo y ella ni siquiera podía visitarlo porque no sabía donde lo tenían detenido. Él dijo a la señora que le visitara al día siguiente para ayudarle con el caso pero le dijo a Mariana que en su interior estaba casi seguro que su hijo  había sido asesinado por la policía el mismo día del arresto porque esa es la forma en que ellos operaban, arrestaban a personas que entendían eran opuestos al gobierno, los maltrataban a culatazos y luego lo dejaban morir al sol para que los perros se lo comieran o se pudrieran en la calle. Mariana le sugiere a Rádel que él todavía podía salir del país y perderse por unos años hasta que ya ni lo recordaran pero para él huir no era una opción y se lo hace saber a su esposa. Rádel confiesa a Mariana que se ha dado cuenta que es a ella a quien tiene para poder confiar plenamente, que si se hubiera dado cuenta de ello antes habían podido ser felices desde el principio. A Mariana no le gusta el pesar con que Rádel se expresa pero él está muy desencantado de todo lo que ha resultado ser presidente de una nación donde hasta sus más cercanos colaboradores le manifiestan abiertamente que ellos deben sacar provecho de aquello por lo que tanto lucharon, que si los otros lo hicieron ellos también deben hacerlo. Al final Rádel termina llorando. Fin del Octavo cuadro.
Noveno Cuadro.

Lucila aparece respondiendo los requerimientos de Antonio para que lo deje entrar en la casa, le comunica a este que el presidente no está en el hogar, Antonio dice que él lo sabe, ella dice que la señora tampoco está presente, a lo que él responde que no ha venido a verlo a ello sino a Norco Jiménez Santos, Lucila responde que no sabe de lo que él habla y Antonio le asegura que él sabe que Norco está allí, Lucila insiste pero Norco le dice que lo deje entrar. Lucila permite que Antonio entre, luego ella se retira. Antonio inicia sus adulaciones acostumbradas, Norco le dice que vaya directo al grano, Antonio ha ido a ofrecerle la vuelta al poder, le dice que la gran mayoría de la cúpula del  gobierno está de acuerdo en que Norco debe volver a palacio y que él entiende que es el mismo sentir del pueblo. Sigue contándole a Norco que la inercia de Rádel para ejecutar acciones concretas y los estallidos de ira que frecuentemente descarga contra sus servidores, han desembocado en un total desencanto entre la gente del gobierno. Norco pone algunas condiciones antes de aceptar lo que se le ofrece, quiere la lista de las personas que han decidido apoyar su vuelta a palacio, la lista de los que apoyan a Rádel, otra de los descontentos y otra de los que podría ganarse para dicha causa. Antonio aseguró que las haría inmediatamente. Norco le recordó que a él le gustan las cosas bien hechas y que la eficiencia se comprueba cada mañana y en la noche cuando sacan las cuentas, dice que sigan elaborando su lista de condiciones. Fin del noveno cuadro.
Décimo Cuadro.

Rádel aparece dándole instrucciones a Lucila para que ilumine totalmente la casa. Está vestido elegantemente al igual que el día de su juramentación. Mariana entra pidiéndole a Rádel que le ayude con el broche de su vestido y Rádel la besa en el cuello mientras le ayuda, ella señala que Lucila esta presente y él dice que Lucila sabe que los dos se aman, Mariana sale de escena y vuelve a su habitación. Lucila le cuenta a Rádel que la relación de Mariana con Norco es algo que ella le da mala espina, Rádel le dice que ya él lo sabe, que ha perdido a Mariana porque él no ha sabido hacer las cosas bien, Lucila dice que Mariana es una mala mujer, que Norco también es un mal hombre por haber traicionado a quien lo ha ayudado y que ella estaba equivocada con él, pero que Rádel es mejor hombre que Norco. Rádel le da las gracias y le dice que todos ellos merecen un castigo por la forma en que han hecho todo pero él prefiere que sea visto como un acto de justicia. Norco entra vestido de militar, tal y como el primer día que llegó a la casa a pedir refugio, Lucila se retira. Norco dice que no esperaba a Rádel tan temprano en casa, hablan indirectamente acerca de si Norco esperaba algunas noticias de la ciudad pero él pretende indiferencia. Mariana entra a escena. Luego de una breve conversación en la que Mariana pregunta a su esposo de que se trata todo aquello y él le responde que es una celebración, que ya se lo dijo antes. Lucila entra y Rádel se sorprende de verla todavía alrededor, Lucila dice que fue a llevar las luces por el solicitadas, él dice que luego puede marcharse a lo cual Mariana se opone pues si esperan invitados Lucila tiene que estar presente para servirles, Rádel dice que no, que él tiene todo previsto y que Lucila puede retirarse, Lucila se despide llamando a Rádel por su nombre por primera vez, él también se despide de ella y luego le comenta a Mariana que hizo redactar un documento dejándole su finca en heredad a Lucila, Mariana mostró su desacuerdo, Rádel le dijo que ella haría algo de provecho con esa propiedad. En este instante Rádel le deja saber a Norco que hace una semana se había enterado de su conspiración para matarle y quedarse con el poder, que siempre algo falla en un plan pero que con la prisa Rádel no tuvo tiempo para desarticular la trama. Revelando el plan que consistía en que los cómplices de Norco lo mataran en su despacho presidencial pero que él había aprovechado un descuido a la hora del almuerzo y había salido donde el notario y pidió a este un caballo en el cual cabalgó hasta la casa. Le dijo a Mariana que ya él sabía de la relación de ella y Norco y que los cómplices de este debían estar a punto de llegar, ella pidió que le dejara escapar, pero él dijo que no, se aseguró que su revolver estuviera cargado y dijo que cuando los cómplices de Norco llegaran a la casa encontrarían los tres cadáveres, el de ella, el de Norco y el suyo propio. Fin de la obra.  

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