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jueves, 20 de febrero de 2014

Laurencia de Fuenteovejuna.


La protagonista de la obra “Fuenteovejuna”, de Lope de Vega, es Laurencia, una joven “villana” (se denominaba villano o villana a las personas carentes de nobleza y/o título jerárquico que habitaban en llanos o aldeas), hija de Esteban, el alcalde del pueblo de Fuenteovejuna. El Comendador, máxima autoridad del pueblo, intenta convencer a Laurencia para que acepte sus propuestas amorosas que son rechazadas constantemente por la joven. El alcalde concede a Frondoso, pretendiente de Laurencia que ha encontrado agrado a los ojos de la joven, el permiso de desposar a su hija.  Es en medio de la celebración de la boda que el Comendador llega y rapta a Laurencia ante la impotencia de todos, mandando a Frondoso a la cárcel.
Luego, Laurencia le reprocha a su padre por no haber intervenido para evitar su violación y le recrimina a él y  a los hombres del pueblo por no enfrentar al Comendador para ponerle fin a sus abusos sexuales y de poder. Los sentimientos de Laurencia son de rabia y reprensión hacia los hombres del pueblo. En su monólogo, le reprocha a su padre, Esteban, no haber impedido su violación, transformándose en una líder decidida a tomar venganza y a no permitir que esto suceda de nuevo con otras jóvenes. Encabeza la rebelión en contra del Comendador, una actitud que no era propia de una mujer del Siglo de Oro. Decide tomar el control de su destino y cambiarlo, en vez de resignarse a ser enviada a un convento o morir, ya que esa era la costumbre y ley en esa época.
Laurencia estaba cansada de los abusos del Comendador y entendió que podía y debía apoyarse en el pueblo, principalmente en las mujeres, para ejecutar su venganza y tomar la justicia en sus propias manos y de los que la apoyaren, debido a que no era la primera vez que este hacía uso de su poder para ultrajar a las mujeres que lo rechazaban. También estaba la actitud pusilánime y servil de su padre y otros hombres del pueblo, quienes habían permitido estos abusos anteriormente. Todo esto encendió la ira de esta joven que ya mostraba valentía y arrojo antes del terrible suceso que le aconteció. Ella encabeza una rebelión llamando a las mujeres del pueblo a unirse para enfrentar al Comendador,  lo que trae como consecuencia la unión de los hombres a esta rebelión, todo termina con la muerte del Comendador. El pueblo se unió para dar una sola respuesta:, Fuenteovejuna mató al Comendador “todos a una”. Los Reyes Católicos terminan perdonando al pueblo al no encontrar un culpable específico.

Lope de Vega como autor creativo y complejo en la cantidad de diferentes escenas y personajes, sale de lo tradicional que se esperaba con el personaje de Laurencia, usando la valentía de la joven como un ejemplo para otras jóvenes de aquel tiempo que se resignaban a su destino y a su suerte como si la vida hubiera acabado para ellas. Esta obra le da un sentido diferente al papel de la mujer, dejando de lado al papel tradicional del hombre como protector. Para Laurencia la vida inició en otra etapa al lado de su esposo Frondoso.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Amor es la palabra clave.

Si verdaderamente amas algo… quieres tenerlo. Sabes que puedes tenerlo, porque es parte de ti aquello que amas de verdad.
Ama lo que eres, lo que haces, lo que sientes., sin condicionarlo al éxito material, más bien, siembra semillas de amor espiritual a todos a tu alrededor y haz de tu vida un inmenso jardín de amor.
ama tu trabajo, tu tiempo, porque es una extensión de tu vida. Ama la vida, porque la vida eres tú.

Vive porque quieres vivir, puedes sentir la vida fluir a través de ti repleta de amor y deseas lo mismo a tus semejantes.  En eso radica todo el poder que necesitas para sentirte pleno(a) y feliz.   

jueves, 14 de noviembre de 2013

¿EXISTE UN TEATRO DOMINICANO?


Base para una discusión

Por

IVÁN GARCÍA GUERRA

Primera Parte

 

Muchos dicen que carecemos de un teatro propio, y es esa opinión la base del presente trabajo. Yo en cambio, sostengo que somos bastante ricos en una producción teatral autóctona (aunque sea corta por razones históricas), que no somos especialmente dependientes de ninguna extranjería; y que podemos sentirnos orgullosos del haber escénico de nuestro país.

Existe una prehistoria teatral dominicana en la cual hay reseñas de desconocidos areítos entre la mayoría de los habitantes autóctonos de la isla, los taínos. Esta actividad fue más bien rito que arte, como en el caso de la Grecia preclásica, antes de la llegada de Tespis y los otros.

Después, durante el período colonial, se identifica y conserva en nuestro territorio una sola creación dramatúrgica, el “Entremés de Llerena”, que podría ser tan sólo un fragmento de algo más largo y mejor elaborado. Además, de ese largo período de más de tres siglos, se conoce la referencia de algunos cuantos montajes realizados por estudiantes diletantes en la búsqueda de simple entretenimiento popular.

En la etapa de la dominación haitiana (1822-1844), destacan las presentaciones de la “Dramática”, una filial de la organización patriótica “La Trinitaria”, la cual se ocupó de crear conciencia de la situación de esclavitud a que estábamos reducidos, y de producir una valiente labor de agitación en contra de los invasores. Se conoce el nombre de tres obras europeas; y aunque hay algunas informaciones imprecisas sobre textos dominicanos; nada se puede asegurar por el momento.

Luego, desde la Independencia en el 1944, y hasta el 1917, se desarrolla un intenso movimiento en el cual narradores y poetas incursionan en el arte teatral. Sólo algunos de ellos podrían aceptarse como dramaturgos.

Es el primero, realmente, Félix María Delmonte, a quien podemos considerar el padre de la dramaturgia dominicana, por su texto “Las Victimas del 11 de Abril o Antonio Duvergé”, escrita aproximadamente en el 1856. Esta obra, además de ser la que inicia la producción literaria dramática local, plantea un problema social; tema que se constituye en una constante de nuestra creación escénica hasta la actualidad. Escribirá posteriormente otras piezas, entre ellas una indigenista y una musical, estilos que también tendrían amplia representación posterior.

Entre los que incursionan en el teatro estuvieron: Federico Henríquez y Carvajal, Manuel de Jesús Rodríguez Montaño, José Joaquín Pérez, Américo Lugo, Manuel de Jesús Javier García, Javier Angulo Guridi, José Audilio Santana, José Francisco Pellerano, Rafael Octavio Galán, Tulio M. Cestero, Félix María Pérez Sánchez, Renato D´Soto, Francisco Gregorio Billini, César Nicolás Penson y Cristóbal Díaz.

Merece especial mención Ulises Heureaux hijo, no por la calidad de su trabajo, para mí desconocida, ni por que aportara nada al concepto de un estilo nacional (casi todas sus obras estaba construidas a la manera de la “comedia bien hecha” francesa), sino por haberse constituido en un hombre de teatro con bastante amplia producción.

Ya en los albores de nuestro siglo otros literatos se deslizan al arte de las tablas. Entre ellos: Gastón Fernando Deligne, Rafael Deligne, Arturo Pellerano Castro, José María Jiménez, José Ramón López, Vetilio Arredondo, Juan García Malagón, Adalberto Chapuseaux, Federico Llaverías, Alfonos Matos, Arístides Fiallo Cabral y Gustavo Antonio Díaz. Todos ellos, aunque traten temas localistas y hasta folklóricos, escriben un teatro de textura españolizante.

Cabe destacar dentro del mismo periodo la aparición de las tres primeras dramaturgas dominicanas. Son ellas: Virginia Elena Ortea, Isabel Amechazurra Viuda Pellerano y Melia Delgado de Pantaleón.

En el período de la primera invasión norteamericana, el teatro es vuelto a usarse con intención política, con marcado sabor localista y/o en contra del imperialismo. Entre ellos destaca: Rafael Damirón, con una producción considerable.

Otros nombres son: Ricardo Pérez Alfonseca, Apolinar Perdomo, Enrique Montaño hijo, Félix Sauri, Salvador Sturla, Porfirio García Lluberes, Domingo Villalba, Luis Eduardo Betances, Federico Bermúdez, Roberto Mateizán, José Narciso Solá (padre de nuestra priemra actriz Monina Solá), Fabio fiallo, el español Juan José Llovet, Julio Arzeno, Aquiles Zorda y Fernando Arturo Pellerano. Todos ellos además de las obras con aliento social, escribieron comedias y un teatro algo intimista.

Para esa época. Pedro Henríquez Ureña, con su obra “El nacimiento de Dionisos”, presenta el tema griego, que muchos años después tendrá un fuerte repunte.

Ya en la era de Trujillo se realiza una producción para el teatro, aunque ésta no llegara a realizarse frecuentemente mediante montajes. Sus temas van desde el localismo y el folklorismo hasta el neoromanticismo. Son los autores: Julio Vega Batlle, Armando Oscar pacheco, Cristian Lugo, Miguel Ángel Jiménez y Javier García.

Otras tres mujeres incursionan en la dramaturgia para ese tiempo. Ellas son: Ana Jimena Yépez, Delia Weber y Delia Quezada.

Continúa…

El Teatro a los pies de Cristo.



El poderoso imperio romano dominaba absolutamente todo en las regiones aledañas a Judea. Los tributos que debían pagar los judíos al César (Mateo 22:16-21) mantenían oprimidos a los hombres y mujeres menos privilegiados de toda esa región y por si fuera poco tenían la Ley de Moisés, interpretada a su manera por los fariseos (Mateo 23:2-4) y saduceos que representaban la supuesta teocracia que caracterizaba la forma de vivir de los descendientes de Abraham. Herodes, rey de Judea en tiempos del nacimiento de Jesús (Mateo 2:1), impuesto por los romanos al pueblo israelí, provenía del linaje de los edomitas, descendientes de Esaú, razón suficiente para que el pueblo judío considerara una ignominia el hecho que un extranjero fuera su rey. Sumado a la matanza de niños inocentes que Herodes había llevado a cabo en procura de matar a Jesús (Mateo 2:16)… era más de lo que un pueblo tan orgulloso como Israel podía soportar: Más de seis décadas de dominio romano; un procurador, Poncio Pilato, al servicio del imperio y sobre quien reposaba la ejecución de las leyes; hambre, plagas y el desconsuelo de un pueblo que veía cada día como sus esperanzas se perdían en el vacío de aquel panorama tan desolador.

Así se mostraba el ámbito donde Jesús nació, creció y, ya de adulto, puso en marcha su ministerio de predicación del evangelio acerca del reino de Dios. Era de esperarse que muchos, al escuchar acerca de la llegada del Mesías, pensaran que serían librados del yugo romano, que todas las cosas cambiarían de repente y encontrarían reconciliación con el Dios de sus antepasados. Muertos fueron resucitados, paralíticos se ponían de pie y caminaban, leprosos eran sanados, ciegos que veían, demonios expulsados y la multitud que seguía al Salvador (Lucas 7:21-22; Juan 6:2). Una multitud tan grande que preocupaba excesivamente a los principales de las iglesias que controlaban la religiosidad impuesta al pueblo en el nombre de Dios. Aquellos milagros fueron muestras de misericordia del Mesías. No eran las señales que pedía la generación adúltera de fariseos y saduceos (Mateo 16:4), tampoco una necesidad del Señor por mostrar su poder. Aquellos milagros manifestaban el amor de Dios para con sus hijos, la salvación dada por gracia a todo aquel que reconocía en Jesús al cordero de Dios que profetizaban las escrituras (Isaías 53:7) y se rendían ante sus pies como muestra de adoración. Una muestra indeleble del amor de Dios.

Hoy en día, más de dos mil años después de la llegada del Mesías, quedan criaturas en el mundo a quienes no ha llegado el anuncio de las Buenas Nuevas, aún quedan personas que no han tenido la oportunidad de conocer a Jesús resucitado e ignoran el sacrificio de su sangre derramada en la cruz para inutilizar cualquier sacrificio posterior, porque todo quedó consumado en la cruz del calvario (Juan 19:30). La gran comisión nos fue encomendada (Mateo 28:18-20), los que conocemos el amor de Cristo para su pueblo sabemos que sigue siendo una muestra de su amor el concederles a todos los que en él creen, la oportunidad de alcanzar la salvación mediante el perdón de los pecados y la seguridad de la vida eterna (Juan 3:15-16 y 36).

La dramaturga y actriz dominicana Soraya Guillén ha puesto su talento a las órdenes del Creador. Llevará, entre el 12 y el 15 de septiembre, el poder de la predicación al Teatro Monina Solá. Serán cuatro funciones en días seguidos que dejarán plasmadas huellas en los espectadores de cada una de ellas, porque la palabra de Dios nunca regresa vacía de ningún lugar a donde es dirigida. La hora convenida es las 7:00 PM, usted tiene una cita especial con la palabra de Dios en la obra teatral: "Hoy he tocado su manto", de Soraya Guillén. Los milagros de Cristo nunca se han detenido, es asunto nuestro que toda criatura se entere del camino que conduce a la única verdad que tiene esta vida… el amor del Creador.





lunes, 14 de octubre de 2013

Regresa: "Hoy he tocado su manto".


La obra teatral: “Hoy he tocado su manto”, será puesta de nuevo en escena. Esta vez le tocará al teatro Laura Bertrán, del Centro Cultural Babeque, servir de anfitrión para que podamos compartir con nuestro público el trabajo que realizamos para la expansión del reino de Dios.
Nuestro principal objetivo es cumplir con el mandato del Creador de llevar el mensaje a toda criatura. También hemos querido ofrecer a la familia una obra que todos puedan compartir unidos, porque la unidad familiar es otro mandato del Altísimo.
El sábado 2 y el domingo 3 de noviembre, en el teatro Laura Bertrán, a las 7:00 PM, si Dios lo permite, estaremos presentándoles una vez más: “Hoy he tocado su manto”, de la dramaturga dominicana Soraya Guillén. El Centro Cultural Babeque está ubicado en la calle Roberto Pastoriza No. 329, ensanche Naco, en la ciudad de Santo Domingo.
Entrada general: R.D.$300.00 P/P.
Más informes al tel.: 809 328 3010.    

martes, 27 de agosto de 2013

Una representación divina


En mis años de experiencia teatral y actoral he representado muchos y distintos personajes con características diferentes. Con algunos de estos personajes he llegado a identificarme, otros (muy pocos) solamente los he visto como un encargo o misión que debo cumplir. Cada uno me ha dejado un sabor distinto, porque a pesar de haber siempre impregnado lo mejor de mí en todos ellos: dedicación, disciplina, responsabilidad, respeto… existen algunos personajes que, por decirlo de una forma muy mía, “reclaman” mayor atención. En este renglón, según mi punto de vista, encajan los personajes históricos: esos que respiraron, caminaron, hablaron, y hasta amaron… esos que sí tuvieron vida. Porque a estos personajes, en vez de crearles una historia, hay que investigarlos, estudiarlos más a fondo, tomar todo lo que los caracterizaba y hacerlo parte de ti al momento de escudriñarlos, ensayarlos e interpretarlos, porque debes llegar a conocerles para adoptar sus pensamientos, gestos, expresiones, forma de caminar, hablar y hasta su forma de mirar; para hacerlos creíbles, aceptables, para devolverlos a la vida en las tablas.
Independientemente de que estos personajes hayan sido o no los que más haya amado interpretar. Ahora me toca representar a una mujer que tuvo algo muy especial, pues dentro de los múltiples milagros que hizo Jesús en su paso por la tierra, ella está presente en tres libros de la biblia: Marcos 5: 25-34; Mateo 9: 20-22; y Lucas 8: 43-48. Esos pasajes resaltan el milagro que ella recibió del Cristo. Es la mujer enferma de flujo, quien sintió y entendió con su condicionante, que si tan solo tocaba su manto, recibiría sanación. Hoy que ensayo y se acercan los días para hacer tal interpretación y/o representación, de la obra “Hoy he tocado su manto”, la cual me da el honor también de haber realizado su dramaturgia y dirección, siento más que de costumbre, cosquilleo en el estómago (una de las partes de mi cuerpo que recibe mis emociones), siento mucha ilusión y emoción, así como si fuese el primer papel protagónico que realizo y creo saber el por qué: en realidad, es el primer papel principal que represento para la gloria y honra de mi Señor Jesucristo, y conlleva más responsabilidad, más disciplina, más respeto, más entrega. Porque no sólo es que debo darle al público una labor profesional, sino que también debo llevar la palabra de Jesús a todos los espectadores, y sobre todo realizar un trabajo digno para el Señor de señores, para el Rey de Reyes, para Jesucristo.
¿Alguna ventaja especial? yo diría que muchas. Principalmente tengo la ayuda de la fuerza divina, porque “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).

sábado, 17 de agosto de 2013

“El Encuentro” de Jorge Santiago y Marina Frías.


Con motivo al 40 Aniversario del Teatro Nacional Eduardo Brito, se presenta la obra “El Encuentro”, del destacado autor, director, actor y productor teatral Franklin Domínguez. Esta obra ha sido traducida al chino e interpretada en diferentes oportunidades: En los años 70 en RTVD, con Delta Soto y César Olmos, bajo la dirección del maestro Rafael Villalona; en 1979 fue radiodifundida en Radio Universidad Técnica del Estado, en Chile, dirigida por Boris Stoicheff e interpretada por Mayra Santiago y Jorge Santiago; en 1989 fue puesta en escena en el Auditorio del Domínico Americano, bajo la dirección de Jorge Santiago, con los actores Raisa Astacio y Rafael Múnich; en el 1990 es dirigida por su autor y actuada por Yamilé Scheker y Fermín Suárez, en el teatro nacional; en 1999 es dirigida una vez más por Jorge Santiago, quien además actúa junto a Lila de Pereyra, en El Salvador.

En esta nueva entrega de “El Encuentro”, vuelve hacer dirigida por Jorge Santiago, quien además comparte el escenario con la bella Marina Frías.  Marina, presentadora de Radio y Televisión, también es cantante. Ha trabajado con los teatristas: Ónix Báez, José María Almonte, Soraya María y Jorge Santiago. Luego de 16 años alejada del teatro, regresa para interpretar “El Encuentro”, manifestando su complacencia con este proyecto que le permite compartir con dos grandes del teatro dominicano: Franklin Domínguez y Jorge Santiago.

“El Encuentro”, se estará presentando los días 16 y 17 de agosto a las 8:30 de la noche en la sala Ravelo. Allí los estarán esperando Alina y Manuel, personajes de la obra, en uno de sus acostumbrados encuentros de cada tarde en la terraza de la casa de Alina. Un encuentro con características muy especiales en el que Alina hace cómplice a los espectadores de sus más íntimas ilusiones, transportándonos por el bello túnel del amor y la imaginación.